martes 1 de abril de 2008

Estrategia

Luego de 20 días de protestas en las rutas, idas y venidas, marchas y contra-marchas, retenciones y subsidios, el día de ayer el Gobierno Nacional anunció una serie de medidas de segmentación para los pequeños productores y los cortes de rutas están casi terminados (sólo quedan algunos grupos en el país que insisten con la medida). Ahora volvió a ser un tema del sector y sus economías.

Pero como no puede ser de otra manera, la tensión social generada en la cumbre del conflicto deja una onda expansiva de sensaciones y certezas. Cual efecto doppler (ley de la física que, a grandes rasgos, explica que el tono de un sonido emitido por una fuente que se aproxima al observador es más agudo que si la fuente se aleja), con el tiempo podemos perder agudeza en interpretar lo que esta situación nos dejó.

Esta analogía con la ley física, aplicada a las ciencias sociales, nos puede servir para recordar cada aspecto de la problemática, y así darnos cuenta de que estamos frente a un problema de pensamiento estratégico de nuestra Nación.

Propio de la historia democrática del país, y no sólo de esta administración, el pensamiento estratégico ha sido aplicado sólo como elemento cosmético de los discursos pronunciados por nuestros gobernantes. La ausencia de una estrategia (que por esencia, es a largo plazo -más de 4 años de gestión), genera estos síntomas propios de medidas que enmiendan una situación, pero que, al no estar planificadas, no generan un solución. Lo que se cierra por un lado, se abre por el otro.

Siempre se a pensado que las posibilidades de aplicar una estrategia se basa en el nivel de "gobernabilidad" de una gestión presidencial (el poderío político que ésta detenta). Sin lugar a dudas, esto es inverso. Mientras exista una estrategia, existirá gobernabilidad (y no ciclos de 10 años y crisis o interrupciones democráticas como sucedía en el pasado). La realidad es que para lograr un plan a largo plazo, como exige una estrategia, las acciones deben exceder a una gestión del ejecutivo. En un sistema presidencialista y una democracia excesivamente personalista como la que tenemos, esto se dificulta (pero esto ya es tema para otro artículo).

Eh aquí algunas precisiones de lo que necesitaría una estrategia para aplicarse en nuestro país:
  • Un Poder Legislativo con poder propio: Que pueda alternar al poder presidencial, ya que la elección de sus representantes es inversa y su permanencia más prolongada. Por otro lado, la multiplicidad de la representación federal genera la visión totalizadora de una estrategia.
  • Una gestión ejecutiva participativa: Al ejecutarse las acciones de un plan es necesario incluir al sector civil, ya que este proporciona tres elementos a una estrategia: 1) permanencia a largo plazo 2) integridad en todos los niveles, desde la planificación, hasta la ejecución y control 3) consenso de la toma de decisiones por sector.
  • Para garantizar estos dos puntos anteriores, es necesario el acceso a la información de la ciudadanía, para su posterior participación, y para ello estamos hablando ya de una serie de necesidades a satisfacer previo a esto (alimentación, educación, seguridad, etc.).

Pensar fríamente en la planificación de una Nación y en la integridad del tejido social se hace difícil cuando te encontrás en la calle a un niño sin zapatillas que te pide una limosna para comer.

Es necesario separar lo urgente de lo importante. Pongamos pasión en la finalidad y razón en el método (del griego: "el camino a seguir"; odós: "camino").

1 comentarios:

Bruno dijo...

Me gustó la guía de los 3 puntos básicos de Leo a implementar por el ejecutivo nacional jaja.. Muy buena refelxión.